Las elecciones son el proceso
mediante el cual el electorado, la población ciudadana tiene la obligación y el
derecho de emitir de manera secreta y directa su simpatía o aversión respecto a
los candidatos a un puesto público.
El maestro Fix Zamudio considera que
un aspecto importante de la democracia, es la participación de los grupos
sociales. Una de las características de
los regímenes democráticos contemporáneos es la tendencia a la intervención
cada vez más activa de los sectores sociales en la toma de decisiones políticas
importantes.[1]
La designación directa de uno de los
detentadores del poder, es común a todos los tipos gubernamentales de la
democracia constitucional.
El primer caso de sufragio universal
se registra apenas en 1893, en Nueva Zelanda. Es a partir de esa fecha y en ese
país donde el sufragio se practicaba sin limitaciones de sexo, raza, religión,
riqueza, y educación, y mantiene solo el principio de razonabilidad referido a
la edad.[2]
Las elecciones en democracia deben
ser universales, en el sentido de otorgar a cada voto el mismo valor nominal,
otorgar a todo ciudadano la facultad de participación en las elecciones; no
permitir grupos con prerrogativas superiores, pues violentaría el principio de
igualdad de derechos.
Sobre la publicidad y transparencia
de los mecanismos de escrutinio de votos electorales, el maestro Diego Valadés
agrega: Si del eficiente o deficiente
funcionamiento del sistema representativo depende la democracia (a menos, por
supuesto, que se trate de democracia directa) no es extraño que también
influya, decisivamente, en las formas adoptadas por la Constitución para el
control del poder.[3]
Respecto a la recientes elecciones
presidenciales de México, 2006 y 2012, el candidato López Obrador cuestionó el
resultado, la legalidad y legitimidad de los candidatos ganadores, las
instituciones y funcionarios que intervinieron; desconoció sistemáticamente los
conteos previos, los resultados del conteo, el reconocimiento que los
presidentes de la República hicieron a la elección, el desempeño de los
ciudadanos que participamos en las casillas electorales.
No obstante su descontento con los
resultados desfavorables a su candidatura, movilizó a sus seguidores para
presionar al estilo corporativista de los años cincuenta y sesenta, a desconocer
las elecciones e instituciones.
Cuando combatió el resultado ante
los tribunales electorales, también desconoció el fallo definitivo que no le
era favorable, sembrando en sus seguidores ese germen de ilegalidad y falta de
legitimidad; recuerdo particularmente el comentario “los votos debería contarse
en público”, a lo que respondí que así se realizaron, para cuestionar y atacar
una normatividad es necesario conocerla.
Para gozar de un evolucionado respeto
a los procesos electorales y las instituciones respectivas es necesario
difundir una cultura electoral, crítica, jurídica y ciudadana que modifique el
aspecto del pueblo necesitado de un salvador, por el del ciudadano autónomo de
su propio bienestar.